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¿Quién sos cuando no estás trabajando?
Hay una pregunta que pocas veces nos hacemos y que cuando aparece, puede dejarnos completamente en blanco.
No es una pregunta filosófica. Es una pregunta muy concreta: si hoy te quitaran tu profesión, tu negocio, tu rol, esa lista interminable de pendientes ¿quién serías? ¿Qué quedaría?
Para muchas mujeres, la respuesta honesta es que no saben. Y eso no es un problema de personalidad ni de falta de vida interior. Es el resultado de años aprendiendo que el valor personal está atado a la productividad. Que existir sin producir es difícil de justificar. Que el descanso, el ocio, el tiempo sin propósito claro generan culpa antes que placer.
Cuando el rol se convierte en identidad
Hay algo muy revelador en cómo nos presentamos. Cuando alguien nos pide que nos presentemos, casi siempre lo primero que sale es la profesión. «Soy psicóloga.» «Soy diseñadora.» «Tengo mi propio negocio.» Como si eso fuera la respuesta completa a la pregunta de quién somos.
No está mal que el trabajo sea parte de la identidad. El problema aparece cuando es toda la identidad. Cuando fuera del rol profesional no hay demasiado que reconocer como propio.
Cuando eso pasa, el trabajo deja de ser algo que hacemos y se convierte en algo que somos. La consecuencia de eso es que necesitamos alimentarlo constantemente con logros, con validación, con resultados visibles. Porque si el trabajo es lo que justifica nuestra existencia, cualquier pausa se siente como una amenaza.
Lo que hay detrás de no poder parar
Trabajar en exceso puede ser muchas cosas. Puede ser pasión genuina. Puede ser ambición. Pero también puede ser protección.
Mantenerse ocupada es una forma muy eficaz de no tener que quedarse a solas con una misma. Sin tareas, sin pendientes, sin el ruido constante del hacer aparece un silencio que para muchas mujeres es incómodo. Y en ese silencio, a veces, aparece una pregunta que da bastante más miedo que cualquier deadline: ¿soy suficiente si simplemente soy?
No si produzco, no si logro, no si soy útil para alguien sino si simplemente existo.
Esa pregunta no se responde trabajando más. Pero muchas veces lo intentamos igual.
Reconectar con lo que hay más allá del rol
Hay algo en la psicología que me parece muy útil para entender esto: la diferencia entre los roles que ocupamos y el lugar desde donde los observamos.
Los roles cambian. La profesión puede cambiar. El negocio puede crecer, transformarse o terminar. Los vínculos también se mueven. Pero hay algo que permanece — un lugar desde donde observamos todo eso, desde donde pensamos, sentimos y elegimos. Algo que no se reduce a ninguna etiqueta.
Reconectar con ese lugar es el punto de partida para empezar a explorar quién sos cuando no estás trabajando. Y esa exploración no se hace pensando — se hace haciendo. Probando cosas. Equivocándose. Siendo promedio en algo que no es trabajo. Descubriendo que podés existir fuera del rol sin que nada se caiga.
En el último episodio de Mentalidad Poderosa hablo de todo esto en profundidad. De por qué nos fusionamos tanto con el rol profesional, qué tiene que ver la socialización de género con el tiempo libre y con dos movimientos concretos para empezar a explorar quién sos más allá del trabajo.
Lo podés escuchar donde escuchás tus podcasts. Y si querés el recurso gratuito que acompaña el episodio, escribime por DM de Instagram @cotypedrosa con el número 54.




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